Ana  María Cabrera

La persistencia de la madre de la Patria

“La beata siguió su camino. El obispo Malvar debía escucharla. Nueve meses de persistencia. El viento insistía. Entró. Como de costumbre tuvo que esperar. No quiso sentarse. De pie, apoyada en su cruz-bastón, era toda serenidad. Por fin, Malvar apareció. Ella lo miró a los ojos y sonrió. Ya habían pasado nueve meses de periódicas visitas. Un solo objetivo: el permiso para impartir los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola. El alimento espiritual para la vida de la gente del Buenos Aires virreinal. Sin palabras, Mama Antula le extendió su mano. El obispo sonrió: – Sí, tienes mi permiso.”

Ana María Cabrera,

“Mamá Antula” La vida de la mujer que fundó la espiritualidad en la Argentina”

“Mama Antula”, más que buena madera

Mama Antula es ejemplo de la
fortaleza del pueblo santiagueño

Papa Francisco

Para el noroeste de nuestro país el algarrobo es tan típico y al mismo tiempo tan esencial, que en quechua simplemente se lo llama “árbol” (tacu o taco). A él apeló monseñor Vicente Bokalic, obispo diocesano de Santiago del Estero, cuando agradeció al Papa Francisco por la beatificación por “despertarnos y alentarnos a conocer a Mama Antula, quien se dejó moldear como un algarrobo santiagueño por las manos de Dios”.

El algarrobo es la necesaria sombra para sitios muy cálidos, aunque también es el esperado alimento que anuncian los coyuyos cuando es tiempo de la algarroba. Se trata de un árbol austero, que crece en ambientes adversos, con severas limitaciones. De la nobleza de su madera hablan sus características: dureza, estabilidad, durabilidad (persistencia), con numerosas aplicaciones, construcción de viviendas, pisos, postes, muebles, objetos decorativos… en el Buenos Aires virreinal las calles se pavimentaron con adoquines de algarrobo.

En la localidad de Mailín, un viejo algarrobo fue protagonista del encuentro de una cruz, en un sitio cercano donde se venera al Señor de los Milagros. Dicha devoción es propia del noroeste argentino, pero es en el santuario de Las Nazarenas, en Lima, Perú, donde se originó la veneración al Señor de los Milagros de las Nazarenas. En Villa Silípica, donde se inauguró la capilla en homenaje a “Mama Antula”, el Cristo en agonía, con sus ojos abiertos, fue tallado en madera de algarrobo.

Símbolos, creencias y un legado impostergable de Mama Antula como fundadora espiritual de la Argentina.

Rafael R. Sirvén

rrsirven@gmail.com

Del blog “De árboles y letras” http://derbolesyletras.blogspot.com.ar

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